Setas y otoño: la micología como atractivo turístico en Jaén
Con la llegada del otoño, los montes y sierras de Jaén despiertan con un espectáculo natural que combina aromas, colores y sabores. Las primeras lluvias transforman los suelos en un auténtico vergel micológico donde las setas, en especial los níscalos, se convierten en protagonistas tanto de la cocina tradicional como de la experiencia turística. La micología es hoy un recurso de primer orden que atrae a visitantes deseosos de caminar entre pinares y, después, saborear el fruto de su recolección en las mesas jiennenses.
Los parques naturales de la provincia —Sierra Mágina, Despeñaperros, Sierra de Andújar y, sobre todo, las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas— albergan una riqueza micológica extraordinaria. Entre las especies más apreciadas se encuentran los níscalos, las setas de cardo y los boletus, que crecen en claros de pinares, encinares y praderas. Su recolección responsable se ha convertido en una actividad que aúna deporte, naturaleza y gastronomía.
La tradición jiennense ha sabido incorporar estas delicias del bosque a sus platos de otoño. En muchas cocinas rurales, los níscalos al ajillo con jamón son un clásico de temporada. También destacan arroces melosos con setas, guisos de caza acompañados de boletus o simples revueltos donde el aceite de oliva virgen extra realza el sabor terroso de la micología. La cocina de aprovechamiento, tan presente en nuestra tierra, ha sabido dar a las setas un lugar destacado en la mesa otoñal.
La recogida de setas es mucho más que llenar la cesta: es una experiencia turística que invita a recorrer senderos, respirar aire puro y descubrir la biodiversidad de nuestros montes. En municipios serranos, cada año se celebran jornadas micológicas donde se organizan salidas guiadas, talleres de identificación y degustaciones. Estos encuentros unen a expertos, cocineros y viajeros, convirtiendo la micología en un atractivo cultural y gastronómico.
La afición por las setas exige responsabilidad. Recolectar solo ejemplares reconocidos, respetar el entorno, no remover en exceso el suelo y llevar siempre cesta de mimbre para permitir la dispersión de esporas son normas básicas. De este modo, garantizamos que las generaciones futuras puedan seguir disfrutando de este recurso natural.
El otoño en Jaén no se entiende sin el olor húmedo de los pinares, el crujir de las hojas bajo los pies y el sabor inconfundible de unas setas recién recolectadas. La micología, unida al paisaje y a la hospitalidad serrana, se consolida como un atractivo turístico único que invita a descubrir, saborear y preservar el alma natural de nuestra provincia.
Este artículo está incluido en el proyecto «Oportunidades de la hostelería en el futuro turístico de la provincia de Jaén» del año 2025, subvencionado por la Diputación Provincial de Jaén.